Margarita O. está cansada

Publicado julio 29, 2008 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela

Margarita O. está sentada frente a su computador, mientras cuenta los minutos para poder irse.
Está cansada.  Últimamente siempre siente sueño.  Sus amigos dicen que es porque sale demasiado y la fiesta la consume.

Pero ella sabe que el exceso de alcohol y parranda poco tiene que ver con su cansancio.  A menos de diez días de su cumpleaños número 25, Margarita O. tiene claro que su problema pasa por no soportar su existencia.

Ser una drama queen a tiempo completo cansa.

Cuando Gabriel escapó

Publicado enero 20, 2008 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Gabriel, Margarita o, no ficción, verano

Han pasado cinco meses desde que Gabriel se bajó del tren en el regresaban de un almuerzo en la casa de los padres de Margarita O.   -No quiero quererte más de lo que te quiero- dijo algo incómodo. Con esas palabras explicó las razones por las que quería dejarla.

Y ella lloró pegada a la ventana del carro durante los 45 minutos que duró el viaje.  Aunque sabía que algo raro pasaba entre ellos, nunca estuvo del todo preparada para escuchar la sentencia final.  Cuando vio que él descendía del vagón, pensó que se moriría.

Fue un domingo soleado, el último de agosto.  Margarita O. jamás podrá olvidarlo. Cómo hacerlo. Imposible borrar de su memoria el día en el que perdió al único hombre que la hizo sonreir.

Última palabra

Publicado junio 20, 2007 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Gabriel, Invierno, lluvia

Margarita O dice:
Gabriel se puso a llover, no iré.

G. dice:
¡¿Por qué?!
Lo prometiste, no seas mala persona.

Margarita O. dice:´
Llueve. Eso lo cambia todo.

G. dice:
Estoy en cama, enfermo y aburrido. ¿Qué te cuesta mojarte un poco?
Sólo un poco y me harás feliz.

Margarita O. dice:
No, no iré.

G. dice:
¿Última palabra?

Margarita O. dice:
Sí.
Duerme un rato o ve tele. Eso ayuda a combatir el aburrimiento.

G. dice:
No me hables más.
Al menos hasta que pase la lluvia.

Margarita O. dice:
Exagerado y cuático.

G. dice:
Hiciste una promesa y la rompiste por una tonta lluvia.
¿Qué se puede esperar de ti?

Margarita O. dice:-
Como quieras…
Chao.

G. dice:
Adiós.

Los cuidados de mamá

Publicado junio 18, 2007 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Gabriel, Invierno, madre, no ficción

Hace dos días que tiene fiebre y siente el cuerpo como si un aplanadora hubiera pasado por encima de él.  Le zumban los oídos, le cuesta tragar, tiene escalofríos y comer le resulta impensable.  Su piel se puso más blanca que nunca y tiene los ojos rojos, muy rojos. Gabriel está enfermo. Tanto, que ni siquiera le dan ganas de buscar un cigarro.

Su madre y la abuela le llevan brebajes medicinales de todas las hierbas y flores posibles. Le ponen paños fríos en la cabeza y lo friegan con agua de rosas.  Y hay de él si intenta resistirse.  Gabriel sabe que con esas dos mujeres no hay escapatoria. O se somete a sus cuidados o le recitan los mandamientos del infierno en el oído.

-¿Cómo amaneciste hoy, cosita linda? – pregunta Isabel, su madre. Trae una bandeja con jugo de naranjas, té y unos panqueques. Como de costumbre, de su ropa escapa un fuerte olor a incienso.

-Pésimo – contesta sin abrir mucho la boca. Tiene los labios partidos  y le duelen – No quiero comer, mamá.  Llévate eso-

-Te sientas y te lo comes ahora – dice y le pone la bandeja sobre las piernas. Acomoda sus almohadas tras la cabeza.  Le acaricia el pelo grasiento y luego pone cara de asco – A penas te mejores te metes a la ducha, Gabriel-

-Córtala, mamá.  No seas pésada – responde, acomodándose la bandeja.

Isabel se sienta junto a él y comienza a acariciar su espalda. Le gusta mirarlo y tenerlo cerca.  Su hijo le parece muy frágil y vulnerable. La vida le ha tocado difícil en sus primeros veinticinco años y ella siente que algo de culpa tiene en eso. Cuando lo ve tan solo y silencioso, Isabel se pregunta si acaso hizo algo mal. A veces le gustaría que Gabriel fuera  más sociable,  más alegre, más normal y ella no deja pensar que quizás todo sea culpa de ella.

- Mamá, le dije a una amiga que me viniera a ver hoy día. ¿Podrías ir a buscarla al paradero?  No quiero que se pierda – dice Gabriel y siente que se pone colorado.  Sabe lo que gatillarán sus palabras.

-¿Una amiga? ¿Qué amiga? ¿La conozco? - pregunta. Le acaban de bajar los nervios. “¿Una amiga en la casa? Gabriel no tiene amigas”, piensa. No que ella sepa y él se lo cuenta todo. Eso quiere creer ella.

-No, no la conoces. ¿Puedes ir a buscarla? – insiste. Está rojísimo por la verguenza. Sabe que su madre está pensando mil cosas por minuto y nada bueno puede salir de eso – Estoy aburrido y enfermo. Anda, se buena y tráela a casa -

- Ok - contesta Isabel. Se ha puesto algo pálida. “¿Amiga? ¿Una amiga en la casa?”, se pregunta mientras retira la bandeja.  “Gabrielito nunca me ha hablado de una amiga”, piensa y camina hacia la cocina. No le gustan las amigas. Una vez,  hace mucho tiempo, Gabriel tuvo una amiga y nada bueno salió de eso. Nada.

Día del padre

Publicado junio 17, 2007 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Invierno, Margarita o, no ficción

H. está sentando en la mesa, esperando a que le sirvan.  A., su mujer en el trabajo y P., la hija menor también. Es el primer Día del Padre en el que no lo acompañan.

Margarita O. se levantó temprano para preparar una carne al jugo y ensaladas. Pero H. de igual forma no está contento.  Se le nota. Sin A. ni P. cerca, no tiene sentido celebrar nada.

“Help!” es la banda sonora de este almuerzo de domingo.  Y una ayuda no le vendría nada de mal a Margarita O.  Hace 23 años que intentan acercarse sin lograrlo. Son demasiado parecidos, demasiado carne de su carne. Por eso la tensión. Saben con quién están tratando y se evitan. La verdad duele, dicen.

- ¿Cuál es tu Beatle favorito? – le pregunta a su padre. Le incomodan los silencios. Y más si éstos son frente a él.

- Harrison- responde seco y sigue comiendo sin mirarla.

Margarita O. espera en vano a que le devuelva la pregunta.  A H. no le interesa.  Está pensando en la ausencia de A. y P. ¡Cómo quisiera que estuvieran aquí ahora!

- Quedó rico el almuerzo- comenta Margarita O. Odia la carne, pero finge para que H. hable. Es su día, no puede tener esa cara de funeral.

- Quedó muy seca la carne – sentencia H. y se levanta de la mesa. Hoy no habrá sobremesa – Deja las cosas ahí. Yo lavo.

- ¿Y yo? – pregunta. Quiere ponerse a llorar de rabia, pero no lo hace.  Se contiene, al menos frente a él.

- Ya hiciste suficiente – contesta – ¿A qué hora regresas a Viña? -

Margarita O. se levanta y no dice nada. Se va a su pieza rodeada de nubes y rayas. Se está escondiendo para que H.no vea que otra vez la ha herido. Otra, como siempre.

Margarita O. no sabe fiestear

Publicado junio 17, 2007 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Gabriel, Invierno, Margarita o, no ficción

Margarita O. está abrigadísma y aún así tiene frío. Es la única mujer dentro de ese bar que lleva un abrigo grueso y la única también que en vez de polera lleva sweater.

Después de seis cervezas, ya se siente enferma. Le duele la panza, siente nauseas y ve borroso. Hace unos veinte minutos que pasó la medianoche y Margarita O. quiere acostarse, pero Clementine no. Para ella, la fiesta recién comienza.

- Ya po’, bailemos. Vamos  perrear – dice Clementine. Está con las pilas puestas y quiere carrete. Es imposible negarse.

Margarita O. no baila hace más de un año. Camina hacia la pista de baile, donde todos intentan mostrar lo mejor de sí. Chicas de poleras ceñidas y cortas que dejan ver sus atributos o sus verguenzas. Chicos  engominados, sacando pecho, ocultando sus inseguridades con fingida indiferencia.

Clementine se saca la chaqueta  y comienza a bailar. Se mueve de un lado a otro y canta todo lo que puede cantar. Margarita O. , sin sacarse su grueso abrigo, intenta seguirla, pero no puede. Margarita O. no sabe bailar cadenciosamente.

De lejos se nota que no pertenece a ese  lugar.  Sus caderas a penas se mueven y es la más tapada de toda la pista.  Cuando la sacan a bailar, mira feo y dice un tajante no.  Lo único en lo que piensa Margarita O. es en su cama.  Su añorada cama.

Consejos de Sr. Pony

Publicado junio 14, 2007 por Margarita Starr
Categorías: blogonovela, Gabriel, Invierno, lluvia, Margarita o, no ficción

Margarita O. y Gabriel, sentados frente a la ventana, miran caer la lluvia.  Están en silencio,  con los ojos en pegados en las calles húmedas.  Fiona Apple en la radio y un incienso quemándose junto a la puerta.

Margarita O. se siente feliz. Le gusta pasar el rato con Gabriel. Los silencios dicen más que mil palabras, piensa mientras se sonríen.

- Me dio frío – dice Margarita O. – Iré por una manta. ¿Quieres una?

- Usemos la misma-  responde. Algo de coquetería hay en su invitación.

Se levanta y camina hacia  la pieza. Siente algo extraño, una especie de cosquilleo en la panza. Margarita O. no puede creer que Gabriel esté con ella, que sean amigos, que sea real.  Ya no se sentía tan sola.  ¿Hace cuánto que no sonreía como ahora?  Si su mamá la viera, si todos la vieran.

Margarita O. toma una manta. Es de cuadros azules y blancos, bien gruesa, bien calentita.  Es la manta perfecta para este miércoles tan lluvioso y frío.

-Oye, ¿no crees que te estás apresurando mucho? – dice el pony rosado desde la cama-

- No empieces. No estoy haciendo nada malo – contesta doblando la manta. Pareciera más grande de lo que es.

- Tú sabes a lo que me refiero – insiste, erguido y rosa desde la cama. Es un pony entrometido – El amor puede ser peligroso, Margarita O. Yo que tú me voy con cuidado-

- De qué amor me hablas, por favor – responde enojada.  De verdad que es demasiado entrometido – Somos amigos, buenos amigos y nada más. ¿No te metas quieres?-

- Te recuerdo que el que recibe tus lágrimas y mocos soy yo. Tengo todo el derecho – dice.

Margarita O. lo mira feo, muy feo. Da media vuelta y se va.  Ahí sentado de espaldas a ella sigue Gabriel. Se ha soltado el pelo. Liso cae hasta sus hombros. Su espalda parece dibujada. Todo el cuadro de él, la ventana y la espalda parece una pintura. La mejor, la suya, la que siempre esperó.

Camina y vuelve a sentarse. No dicen nada, sólo sonríen. Margarita O. extiende la manta. Gabriel abre todavía más las cortinas y luego acerca su silla a ella. Mucho, demasiado.

- Hace demasiado frío como para estar tan lejos – dice y la abraza con su brazo derecho.

Margarita O. se sonroja. Gabriel se sonroja.  No dicen nada, pero ella reclina su cabeza en su hombro.  Desde la pieza, escucha los comentarios entrometidos del pony rosado.


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